sábado, 21 de agosto de 2010

Nocturno I



Justo antes de dormirse, Juanma contó la oveja 97 y se dio cuenta de que ésta no era distinta a las demás: Era siempre la misma. Imaginó que estaría muy cansada de tanto correr, se compadeció y dejó que se acostara. Estaba sobre un césped recién cortado, en un lugar campestre cuyo nombre ignoraba o había olvidado.
La oveja despertó. Se levantó y caminó por la pradera. Alcanzó a sentir el frío de una ráfaga. Tomó agua de la acequia y comió un bocado de pasto. Se echó y miraba a lo lejos. Recordaba su último sueño. Soñó con un hombre que sufría insomnio y contaba ovejas para poder dormir.
Amanecía.

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