jueves, 2 de septiembre de 2010
LA LOCURA DE UN PERIÓDICO (1997)
sábado, 21 de agosto de 2010
Beso
Se revuelca en el cuerpo
Y se deshace en los labios
Tu lengua de fuego me consume
Sumergidos en tormenta
Volvemos a ser mares
Donde se dan cita
Todos los ríos posibles
Las estaciones se confunden
La piel se levanta, alerta
Y se abre, exuda
Arropada por tu aliento
Hirviente que congela
En el sueño y en el cuerpo
Me recibes y te entregas
Exploramos hasta volver
De regreso
Es la eternidad más corta
Jesús López Martínez
Ganar
En la cancha de arena del barrio, todos los martes sus amigos lo esperan con ansia. Muchos dicen que es el mejor, el cerebro del equipo. Si faltando 10 para las 7 no ha llegado, lo llaman o mandan a uno de los más chicos a su casa. Si nada, aguardan hasta agotar la paciencia de los competidores. O empiezan sin él, pero con la esperanza de su arribo. Igual, los cotejos suelen extenderse por horas, dependiendo de cuánto se demoren en meter los 5, 10 ó más goles pactados para el ganador.
Pero ya casi no juega los partidos completos. En cualquier momento le empieza a doler la rodilla derecha, la de la cicatriz larga y profunda como la huella de una culebra pequeña, y ahí se tiene que salir porque no aguanta. Hace tres años, cuando tenía 13, se reventó la cuerda que de la parte trasera del bus los halaba a él y a su bicicleta rumbo a Robledo. Rodó, se raspó, se golpeó, se fracturó, sangró, se le marcó medio cuerpo. Un año después, con sus amigos se consiguió otra bicicleta.
Hoy, Juan David está feliz porque volvió a ver cómo el equipo del que es hincha ganaba de nuevo. 1-0, suficiente. El goleador, el ídolo, se lució: ¡qué forma de jugar, de eludir contrarios, de juntarse con sus compañeros, de provocar a los rivales, de golpearlos sin que el árbitro lo viera, de patear el balón, de fingir faltas! En una de esas vino el triunfo. Celebró a todo grito con sus adolescentes compañeros de la barra juvenil que siempre va al estadio. Y no es para menos: el equipo es primero en el campeonato profesional.
Les confesó que quiere ser como el goleador, porque él es un ganador y a todos les gusta, todos quieren seguirlo, imitarlo. Y jura que tiene que aprender su astucia, esa sutil forma de hacer trampa sin que lo descubran, pero arriesgándose, poniéndose en el límite, comportándose como un varón. ¡Así es como se triunfa en la vida. Si no, mírenlo a él! La emoción no le cabe.
Duda en regresar a la cancha. Allí nunca podrá jugar como su ídolo. Pero en el resto de la vida sí podrá ser como él.
Después, lo piensa mejor. Seguramente el martes sí vuelva. Pero habrá que ponerle emoción al partido. Quizá comience apostando dos, tres o cinco mil pesos.
Jesús López Martínez
Reality
Como si fuera mecedora, la silla quedó bailando, adelante-atrás-adelante. Hacía calor, aunque la noche estaba fresca. Fernando sacó su paquete de Caribe, encendió el cigarro correspondiente a la cena, para matar el hambre de las nueve, y dio los tres pasos que requería para quedar en el quicio de la puerta, única vía de ventilación en su casita de adobes, donde se suele acumular el sofoco del día. Allí, parado, divisó las pequeñas y lejanas luces de la ciudad que a diario recorre con su carretilla, y los cercanos techos de palos y zinc que van bajando como en peldaños. Dio varias chupadas en silencio hasta que una señora que pasó frente a él le arrancó un saludo. Intercambiaron palabras formales y sonrisas de encías. Ella siguió por la callecita de tierra hasta que media cuadra más arriba abrió una reja y se perdió por entre la gran boca negra de la entrada. A lo lejos, se empezó a oír un ruidito como el de una música rítmica mezclada con voces de todos los tonos.
Mañana hay que madrugar, no es hora de ver más pendejadas. Sentenció Fernando antes de lanzar la cuzca al suelo. Suficiente había tenido con la rabia de hacía cinco minutos. Cerró la puerta y se acostó con el repertorio de sus tripas, que sólo recibieron bocado al mediodía, un pan y un milo de Todo a 500.
Con la imagen de la vecina, en vano trató de hacer memoria: Ya ni me acuerdo cuándo fue la última vez que me comí a una vieja. A lo sumo, y eso sí muchas veces, lo habrán mandado a comer mierda. En la cama, un armatoste de madera con un colchón de rayas sucio y oloroso a tabaco y a orines, al lado de la cocineta de piedra, delante del baño, a cuatro pasos de la silla, frente al televisor, persistía su indignación. Uno de "los famosos" había dicho que aguantar hambre fue lo más difícil de su participación en el programa pero que ahora todo estaba mejor, y mientras hablaba con la boca llena, la pantalla mostraba unos platos llenos de carnes, verduras, pescados, arroces. ¡Qué van a saber! ¡Qué van a saber! Se repetía. ¡Qué van a saber! Seguía, como arrullándose con un estribillo de la ira que le explotó al ver la escena: ¡Qué van a saber estos hijueputas lo que es hambre!
Poco le faltó para agarrar el aparato a patadas.
Jesús López Martínez
Unatomía
Te Guardo
Jesús López Martínez
Nocturno I
Poema de Amor
Ella es la vida, siempre
Cada mañana tras sorprenderse
Del siempre renovado milagro
De regresar de los sueños
Es toda amor, desde sus pantuflas
Que despacio lleva, sin ruidos
Hasta la manera delicada en que se peina
Aprendió a cuidar aún la minucia
Ella es la vida, presente
En cada paso, cada mirada, cada pensamiento
Está para que otros sean
Cada momento en que respira
Es una bendición
Lleva el amor en los ojos
Cuando se mira en el espejo
O a veces, en las mañanas
Cuando todo lo que ve parece quedar tocado
Por su magia
Y los días parecen tornarse benévolos
Ella es toda amor, sus manos
Tan incansables como el resto
Hurgan en todo resquicio, o hasta lo crean
Y rescatan siempre una posibilidad
De ganarle a las tinieblas
La vida es ella, son sus pasos
Sus huellas más allá, en otros mundos
En otras luces, y otras noches, y otros espejos
Y en otras ráfagas y otros destellos
En otras aguas, vientos y fuegos
Y en otros días, en otros lugares, bajo otros cielos
Su amor va andando por el mundo
Y ni todo el mundo alcanza
Para alcanzar el que ella lleva
Jesús López
Microcosmos
En su esclerótica, alcanzó a observar unas diminutas líneas rosadas,
como hilitos que se bifurcaban formando figuras parecidas a raíces.
Luego, se vio reflejado en el iris ocre que siempre lo llevaba a
buscarla. Y se sorprendió con la pupila azul, que parecía un ser vivo,
aumentando y disminuyendo de tamaño constantemente.
Al volverla a ver, sintió el paso de mil años y de un nanosegundo al
mismo tiempo. Recordó entonces cuán dentro la llevaba, cuán viva
estaba y cuánto la había visto, amado, soñado. Estuvo a pocos
centímetros de su rostro pero le dolió el abismo que los separaba. Y
deseó volver a recorrerla despacio, con su olfato, con su tacto, con
su lengua, con su corazón, y esta vez no con los ojos cerrados.
Jesús López
Poema1
Cuántas veces caminamos
Por las calles del deseo
Jugueteando en la acerca carnosa
De tus labios
Oscuros pasos me llevaron
Por oscuros parajes
Por estrechas callejuelas
Por pasajes de arrabal
Despacio...
Al ritmo de tu mano
Aquí queda,
Reconozco el lugar
y el ritmo
De la danza de los cuerpos
Cuántas veces nos embriagamos
Como en sus bares
Con profundas copas
Hasta el amanecer
Sus huellas son un mapa
En el que me pierdo
Jesús López Martínez

