jueves, 2 de septiembre de 2010

LA LOCURA DE UN PERIÓDICO (1997)


 A propósito de los cinco años de Gente Nueva aquí va un recorderis de los tiempos pasados cuando empezó sus pinitos en esta ciudad.

Por Martha Ligia Gómez. 


Participar, divertir, conocer, aprender, escribir, hacer amigos, soñar, proponer, vivir, sentir, amar, descubrir, investigar, pelear, perdonar. Verbos que a diario se conjugaban, conjugan y seguirán conjugándose en Gente Nueva.

Nació buscando ser un espacio de participación juvenil y hoy cinco años después lo ha logrado y la ciudad espera que lo siga siendo. Jóvenes inquietos, locos y soñadores llegaron un día de septiembre a llenar de gritos, palabras, poesías, alegrías, tristezas, dolores de cabeza y sobretodo propuestas a la editorial Nuevo Horizonte, que desde ese día no volvió a ser la misma.

Así fueron llegando uno a uno a esa vieja casa que parecía una guarida de brujas. A la entrada había dos puertas que se comunicaban por un pasillo de madera que crujía con cada paso firme que los jóvenes inquietos, locos y soñadores daban con la fuerza de la esperanza que imprimían en cada uno de ellos.

Pero el susto y la ansiedad de entrar a un mundo desconocido, se disipaban cuando la valentía pasaba esa segunda puerta donde se encontraba una salón lleno de afiches y colores, con el mismo piso de madera pero con una alegría que inundaba el lugar. Claro, todos se daban cuenta de que empezaban a ser constructores de las bases de un edificio de sueños y expresión

Para venderles el cuento a los jóvenes estaban con una sonrisa, un chiste y/o una propuesta: El quintento de inolvidables fundadores del periódico:
Carlos Restrepo, que parecía con un computador adherido a su cuerpo, tal vez por eso gerencia actualmente una empresa de preprensa digital. Afectos que no se olvidan.

Fernando Cifuentes, con el cuento del deporte, que aunque lo trataba de disimular, los afiches de la oficina los delataba y luego su puesto como cronista deportivo acabó por confirmar la sospecha de una amor imposible de negar.

Alberto Arroyave, Gerente viejo, actual y por siempre del periódico y su frase constante "Muchachos hay que vender el periódico". (Aun lo sigue diciendo, claro, también muchas cosas más)

Alonso Velásquez, su figura flaca y alargada lo asemejaban cada vez más a un quijote, por eso hoy en día trabaja con la alcaldía.

Y Luz Elena Gómez, con título de Educadora especial, (No crean que los jóvenes éramos raros, locos sí, pero raros no), continuaba con su vocación de ser mamá y en menos de 1 año en Gente Nueva, tuvo como 25 pelaítos. Actualmente tiene dos por natura y como 200 por gusto, manías que no se quitan. Es profesora universitaria, asesora de proyectos comunicacionales, directora de programas de trabajadores, en una palabra todera, (Toda la vida lo ha sido y lo seguirá siendo, parece una maldición), tiene más puestos que un bus.

Los primeros arriesgados (lo mejor del cuento es que todavía siguen existiendo especímenes parecidos, siquiera, qué tal que no)  a meterse en esta locura desde el principio de la historia se fueron convirtiendo en dueños y señores de ese espacio que les habían brindado, se fueron apoderando como buenos usurpadores de espacios que algunas veces creaban ellos mismos.

LO QUE ERAN
Escritores, aprendiendo a ser excelentes, (ahora lo son).  Piedad Monsalve, Zulma Sierra, Juliana Gómez, Ximena Forero, Paula Granda, Gloria Agudelo, Natalia Escobar; Poetas innolvidables, Hernán Pineda, Adriana Tobón; Vendedores incansables (bueno algunos veces los vencía el cansancio) Lina Pinzón, Alex Pulgarín, Luz Mary Ramírez, René Pulgarín, Huber González, Víctor Pérez, Juan Guillermo Bohórquez, Nancy Gaviria; Creativos y dibujantes, Jorge Castrillón, El Mono y Hernán Pineda. Cansones de  oficio (indispensables), Juan Gonzalo Torres, Alejandro Baena, Andrés Villa; El serio (no podía faltar), Manuel Acevedo; las mascotas Yuldaima y Ana Carolina. El fantasma (nunca venía pero siempre estaba presente con artículo) Viviana Gallego; y claro la que armaba las integraciones Martha Ligia Gómez.

La conjugación de esta cantidad de locos y lo que pasaba en Medellín en los años 1991, 1992 y 1993 fueron cimentando un periódico de crítica y de sensibilización para los jóvenes que les permitía crearse conciencia de la ciudad que tenían en sus manos y hoy se ve reflejado en lo que hacen.

Inundados de reuniones, letras, signos de puntuación, cursos, fiestas, paseos, dos aniversarios, dos seminarios y varios talleres. Aprendieron (algunas veces a la fuerza) la dulce pero difícil tarea del periodismo juvenil.

Entre peleas, abrazos, gritos, carreras, tristezas, amores, enemistades, envidias (en todos los grupos las hay), despedidas, bienvenidas, crecieron. Encontraron otras expectativas, otro sueños y se fueron. (Pero no se desanimen llegaron otros, y otros y otros y siguieron soñando).

GANAS DE INDEPENDENCIA
Tal vez por esas ganas que le dan a los jóvenes de no depender de nadie en una época de la vida se fueron, montaron rancho aparte, nació Katharsis, siguieron por algún tiempo trabajando y soñando juntos hasta que los sueños y las expectativas fueron distintas para todos y se separaron.

LO QUE SON AHORA
La mayoría, aprendices de periodistas, los otros estudian para volverse administradores, médicos, diseñadores, sociólogos; y otros van tratando de surgir simplemente.

Algunos trabajan en proyectos de Mi Río, Comfama, Secretaría de Educación, editoriales, laboratorios fotográficos. Pero todos viven (o tratan de hacerlo) sueñan y ellos, al igual que la Editorial, tampoco volvieron a ser los mismos después de Gente Nueva.

EXPLICACION NECESARIA PARA EL LECTOR
Pido disculpas por los constantes paréntesis que existen en este intento de crónica, pero fui parte del proceso y no puedo dejar de "meter la cucharada" de vez en cuando. Lo siento si falté a la llamada objetividad del periodismo pero al igual que Kapuscinski yo creo  que "El periodista es una persona viva que, viviendo, toma posición. Tiene emociones, siente, y sentir y tener emociones es ya tomar partido. No creo en el periodismo que se llame así mismo impasible, tampoco en la objetividad en sentido formal".
Yiya.